Hace 80 años, en un mundo asolado por la guerra, los países se unieron para ganar la batalla contra el hambre.
A lo largo de los decenios transcurridos desde entonces, en el mundo se han registrado avances impresionantes. No obstante, las crisis recientes demuestran que no podemos bajar la guardia si queremos mantener estos logros.
Disponemos de las herramientas, los conocimientos y los recursos necesarios para acabar con el hambre y proporcionar una alimentación adecuada y saludable a todas las personas. Lo que necesitamos es unidad.
Actualmente, en el mundo 673 millones de personas siguen acostándose con hambre cada noche. Día tras día, muchas más no saben si recibirán su próxima comida. A escala mundial se está avanzando con demasiada lentitud, y en algunas regiones se está retrocediendo.
Con el paso de los decenios han surgido nuevos desafíos, que van desde el aumento de la obesidad hasta las perturbaciones climáticas que suponen una amenaza para la seguridad alimentaria. Resulta vergonzoso que se esté utilizando el hambre como arma; la espantosa realidad es que en las situaciones de conflicto la población se enfrenta a condiciones de inanición y hambruna.
El lema del Día Mundial de la Alimentación de este año, “Mano de la mano por unos alimentos y un futuro mejores”, es un llamamiento a la solidaridad transfronteriza, intersectorial e intercomunitaria, lo que refleja las prioridades expresadas por los países en el Balance después de la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios celebrado en julio, y el llamamiento a la acción de las Naciones Unidas, en que se señalan seis esferas clave de actuación.
Respondamos. Volvamos a unirnos a fin de construir sistemas alimentarios que nutran a las personas y protejan el planeta.