La OIM está transformando el acceso a la salud para la comunidad Wayúu de Cojoro, eliminando la necesidad de costosos y riesgosos desplazamientos.
Gracias a estas jornadas multisectoriales, se ha logrado un total de 6.727 atenciones médicas en Zulia desde inicios de 2025 hasta la fecha.
Cojoro, Estado Zulia, Venezuela – 27 de octubre 2025. En la Alta Guajira, al extremo noroccidental de Venezuela (República Bolivariana de), la vida se rige por la escasez y la distancia. Para las comunidades Wayúu de la zona, una simple consulta médica a menudo significa una travesía riesgosa a través de la frontera o un costoso viaje de tres horas hasta la ciudad de Maracaibo. Sin embargo, en el Ambulatorio Centro Médico Popular Cojoro, esta realidad está cambiando gracias a las jornadas multisectoriales de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
El corazón del ambulatorio: María
En el centro de esta transformación se encuentra María, directora y única médica del ambulatorio de Cojoro. Ella es una mujer de la comunidad Wayúu, incansable defensora de la salud y testigo del impacto de la ayuda.
"Traen especialistas en medicina y psicología, esto es fundamental para nuestro pueblo Wayúu," comenta María. Ella resalta que, antes, acceder a un especialista era casi imposible debido a la falta de recursos para costear el viaje a la ciudad. "No solo son las consultas, también nos traen los insumos, los medicamentos," subraya, destacando el alivio que estas acciones suponen para la Alta Guajira, promoviendo un acceso digno a la salud.
A solo dos minutos del ambulatorio vive Juana, una joven de 24 años de la comunidad Marimairi. Juana está en su semana 32 de embarazo y espera a su tercera hija. Sus embarazos anteriores los monitoreó en Colombia, pues los servicios locales no eran suficientes.
"Esta es la primera vez que aquí nos dan una atención médica así," destaca Juana. Gracias a una ecografía realizada en la jornada de la OIM, pudo conocer a su hija y, más importante aún, recibir control prenatal, vitaminas y medicamentos gratuitos. "Por el buen servicio que me ofrecen, ya no tengo que viajar," afirma. Juana y su familia ya no deben arriesgarse a desplazarse en condiciones precarias, pues reciben atención oportuna y de calidad cerca de casa.
El impacto de las jornadas va más allá del diagnóstico. Victoria, una líder comunitaria de 65 años, es la voz que moviliza a su gente. "Cada vez que vienen las jornadas salgo a la calle a llamar para que la comunidad asista," dice con euforia.
Victoria asiste a estas jornadas con su padre de 85 años y explica la crítica necesidad de la atención: "Ir a la ciudad por asistencia médica es muy costoso, no tenemos ni para el transporte." Ella misma recibió medicamentos antiparasitarios, un problema recurrente en la zona debido al precario acceso al agua tratada. "En el caso de mi papá, que es un viejito, no tengo cómo movilizarlo. En cambio, si estas jornadas vienen hasta nuestra comunidad todo cambia, es más fácil asistir y no nos cobran nada, es totalmente gratis."
Con el apoyo de la OIM, que no solo provee atención especializada sino también charlas vitales sobre el manejo adecuado del agua, la comunidad ha logrado fortalecer una red de esperanza y bienestar.
Sus esfuerzos garantizan que, incluso en la remota frontera, la salud y la dignidad estén, por fin, al alcance de la mano.
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