Tras años enfrentando dificultades fuera del país, volvió a su natal Petare cargada de ilusiones de reencontrarse con su comunidad en la que nacieron sus hijas y en donde la amorosa abuela aguardaba el retorno de sus nietas.
Aranza, la mayor de ellas, pasó tres años sin acceso a la escolaridad formal, lo cual retrasó su proceso educativo y perjudicó su socialización con niños y niñas de su edad.
“Extrañaba a mi familia, a las arepas… Aquí los amigos son bien chéveres, amables. Son chéveres los venezolanos. Yo extrañaba sobre todo a mi abuelita, que fue quien me crió”. Afirma Aranza.
Tan pronto como retornaron a Petare, la mamá de Aranza la inscribió en el Centro El Colibrí, un emblemático centro comunitario ubicado en la agitada y pintoresca comunidad de Antonio José de Sucre, en Petare. Este centro es administrado por la Fundación Luz y Vida, una organización socia de ACNUR, donde asisten 189 niñas, niños y adolescentes.
El centro El Colibrí brinda apoyo educativo para la inserción de niñas y niños en edad preescolar en el sistema educativo a través de un “Aula Comunitaria de Nivelación”, donde niñas y niños que se encuentran fuera del sistema escolar formal reciben clases preparatorias para su reinserción en el sistema educativo nacional, una herramienta muy útil para quienes retornan al país y han vivido períodos prolongados de ausentismo escolar. En el centro se desarrolla también un “Programa de Coexistencia Pacífica”, para que niñas, niños y adolescentes que retornaron a Venezuela puedan reintegrarse de manera efectiva a sus comunidades; y se ofrecen servicios de atención psicosocial para la niñez retornada y sus familias, abordando su proceso de reintegración de manera integral.
Desde hace dos meses, Aranza asiste diariamente al Aula Comunitaria de Nivelación de El Colibrí y ha hecho enormes avances en su proceso de lectoescritura. Además, ya tiene un grupo de amigos que la animan a asistir todos los días para aprender mientras se divierten:
“¡A mí me encanta venir a El Colibrí! Las profesoras son buenas y he ido haciendo amiguitos que son bien chéveres. Yo aprendo aquí todos los días, porque mi sueño es tener un futuro mejor y comprarle una casa a mi mamá”, comenta emocionada Aranza.
Para Magaly Arias, docente de este centro desde hace más de una década: “Dar clases en el aula de nivelación es una experiencia hermosa, porque te expone a situaciones muy complejas, muy graves, y te ayuda a aportar soluciones tanto para el niño como para sus padres. No solo nos enfocamos en la parte académica. Junto con el equipo psicosocial los ayudamos a canalizar sus emociones, mientras reforzamos su proceso de aprendizaje en áreas básicas como lenguaje y matemáticas. Algunos de ellos vienen con un retraso pedagógico de hasta tres años, como es el caso de Aranza… Aquí, desde un enfoque integral, la estamos apoyando para que alcance el nivel académico que corresponde a su edad”.
El Aula de Nivelación de El Colibrí constituye uno de los esfuerzos más representativos que ACNUR Venezuela encamina en favor de la niñez que retorna en el estado Miranda. Es un lugar para la reintegración sostenible de estos niños y niñas, donde convergen esfuerzos de especialistas de protección, agencias hermanas del Sistema de Naciones Unidas, donantes públicos y aliados del sector privado, quienes han sido fundamentales para lograr la optimización y equipamiento de estos espacios, así como la dotación de uniformes y artículos escolares para garantizar su asistencia a clases en condiciones de dignidad.
ACNUR Venezuela continuará trabajando en complementariedad con los esfuerzos de las autoridades, socios locales, actores del sector privado y las comunidades, en iniciativas que favorezcan el acceso a la educación para la niñez que retorna al país y contribuyan a su proceso de reintegración sostenible a sus comunidades.